Amado Nervo. "Sor Juana Inés de la Cruz". Obras completas, Tomo 8. (Madrid: Biblioteca Nueva, 1920): 232-233.

De D. Nicasio Gallego.

Puede asegurarse que las primeras obras poéticas (de mujer) que por su variedad, extensión y crédito merecen [End of p. 232.] el título de tales, son las de Sor Juana Inés de la Cruz, monja de México, en cuyo elogio se escribieron tomos enteros, mereciendo a sus coetáneos el nombre de la Décima Musa y contando entre sus panegiristas al erudito Feijóo. Y, ciertamente, si una gran capacidad, mucha lectura y un vivo y agudo ingenio bastasen a justificar tan desmedidos encomios, fuera muy digna de ellos la poetisa mexicana; pero tuvo la mala suerte de vivir en el último tercio del siglo XVII, tiempos los más infelices de la literatura española; y sus versos, atestados de las entravagancias [sic] gongorinas y de los conceptos pueriles y alambicados que estaban entonces en el más alto aprecio, yacen entre el polvo de las bibliotecas desde la restauración del buen gusto (1).

Del Padre Feijóo.

"La célebre monja de México, Sor Juana Inés de la Cruz, es conocida de todos por su erudición y agudas poesías, y así, es excusado hacer su elogio... Ninguno acaso la igualó en la universidad de conocimientos de todas facultades... Aunque su talento poético es lo que más se celebre, fué lo menos que tuvo."

El padre Pacheco, agustino portugués, en su obra Desahogo erudito del ánimo, compara a nuestra monja con el célebre Camoens, autor de los Lusitanos.

El docto polaco Ketten, en su Apeles simbólico, pone entre los ingenios que han sobresalido en el arte del símbolo, en primer lugar, al conde Manuel Tesauro, y en segundo a la monja de México.

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(1) Don Nicasio no leyó los admirables versos de Sor Juana que figuran en este apéndice, y la condenó sin leerla bien, con punible ligereza.

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