José Francisco de Isla. Fray Gerundio de Campazas. In Obras escogidas Biblioteca de Autores Españoles, no. 15. (Madrid: Imprenta de la Publicidad, á cargo de D. M. Rivadeneyra, 1850): 49.

No hablo de memoria: tengo reconocidos mas de cien tomos de sermones impresos de un siglo á esta parte, y quien cotejase los del pasado con los del presente, conocerá que en los de este ha sido aun mayor el abuso y mas deplorable la enfermedad. Si el Padre Vieyra, por ejemplo, en su famoso sermon de la Sexagésima, notó á los predicadores de su siglo la extravagancia de sus enigmas ó antonomasias del Cedro penintente, el Evangelista Apéles, el Aguila de Africa, el Panal de Claraval, etc., ¿qué diria hoy si oyese que el Panal de Claraval se ha convertido en el Doctor de Miel-fluída, el Aguila de Africa en Caballero andante y el Amadis de las Letras, el Cedro penitente en el Pastor Coronado, san Pascual Bailon en el Santo Sacramento, San Pedro de Alcántara en el Serafin extremeño, San Benito en Padre de los Cielos, y que á los demas santos nos los representan tan desfigurados, «que no los conocerá la madre que los parió,» como decia graciosamente en uno de sus sermones el célebre loco Don Amaro, que lo fué por la manía de predicar en las calles y plazas de Sevilla?

Igual proporcion en el aumento de la enfermedad notaria el Padre Vieyra en el sentido altisonante, culti-bárbaro, ó sea de laberintos, en los conceptos ridículos ó vulgares, en las proposiciones ya rústicas ó ya escandalosas, y en las violencias de sus sentidos acomodaticios. Y para que vuestra merced lo reconozca comprobado todo por junto, doy el texto en estas cláusulas, que he segregado de las muchas que se hacen notables en los libros impresos de este siglo.

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