José Francisco de Isla. Fray Gerundio de Campazas. In Obras escogidas . Biblioteca de Autores Españoles, no. 15. (Madrid: Imprenta de la Publicidad, á cargo de D. M. Rivadeneyra, 1850): 341b-342b.

Y ahora que se me acuerda, aquí se queja usted del Gerundiano, de que saca á luz los sermones impresos, trasladándolos con sus líneas y señales: más arriba se quejaba de que los sermones que citaba eran fingidos y supositicios, y que se le podia obligar por todos los derechos á que declarase, calificase y probase que Fray Gerundio habia predicado aquellos sermones. No viene aquí mal aquello que trovó con tanta oportunidad el otro satírico (por la gracia de usted): Hos mihi liga funes. ¿Cómo ajustarémos estos bolos, Señor Penitente? Si los sermones que cita el Gerundiano andan impresos, ¿cómo son fingidos y supositicios? Y si los desenterró, ¿cómo es posible que nunca existiesen? ¿Ha encontrado usted por ahí algun muñidor de entes de razon ó algun desenterrador de los huesos de la nada? ¿Y es posible que usted tuviese brazo para llenar á todo Madrid, y aun á toda España, de estas preciosidades?

No es de ménos chiste lo que añade usted inmediatamente, reconviniendo al Gerundiano, por estas urbanísimas palabras: «Cuando el Padre Vieyra formó la figura que tú pones en el religioso amortajado en vida y denegrido por la penitencia, ¿pone acaso las señas y arrabales, ojos y pelos que tú pones, trasladando los disparates que dijo? ¿Predicó acaso Vieyra poniendo un ente verdadero? No, sino á un Fray Gerundio. Pero tú, con la figura de Fray Gerundio hieres y satirizas á los entes reales y verdaderos.» Oscurillo está esto; y bien se puede añadir al márgen: «¿Quién da limosna para alumbrar á este párrafo?» Con efecto, ¿qué quiere decir usted en él? Porque solo se percibe algo, pero á tientas. ¿Quiere usted decir que la pintura que hace el Gerundiano de un predicador (capuchino, verbi-gracia, como su padre confesor) en el capítulo II, número 14 del libro tercero, la sacó de la que hace el Padre Vieyra en su famoso sermon de la Sexagesima? No sería gran pecado aunque lo hubiese hecho; porque al fin el Padre Vieyra fué hombre de quien se pueden tomar sin vergüenza muchas cosas. Pero dice usted un grandísimo despropósito, para cuyo desengaño no es menester mas que los ojos y el cotejo. Allá va este.

VIEYRA.

«Sube tal vez al púlpito un predicador de los que profesan vivir muertos al mundo, vestido ó amortajado en un hábito de penitencia (que todos, mas ó ménos ásperos, son hábitos de penitencia, y todos desde el dia que profesamos son mortaja): la vista es de horror, el nombre, de reverencia; y la materia, de compuncion; la dignidad, de oráculo; el lugar y la expectación, de silencio; y cuando este rompe la voz, ¿qué es lo que se oye?» (Aquí acaba la pintura de Vieyra.)

LOBON.

«¿Qué es ver subir al púlpito un predicador, amortajado mas que vestido, con un estrecho saco, ceñido de una soga de que hasta el mismo tacto huye ó se retrae, calado un largo capucho piramidal hasta los ojos, con una prolongada barba salpicada de canas cenicientas, el semblante medio sorbido de aquel penitente bosque, y lo demas pálido, macilento, extenuado de los ayunos y de las vigilias, los ojos hundidos hácia la concavidad del celebro, como retirándose ellos mismos de los objetos profanos, y gritando mudamente: «Apartadnos, Señor, de la vanidad del mundo?» ¿Qué es ver, digo, á este animado esqueleto en la elevacion de un púlpito, asustando con sola su vista aun á los que no son medrosos, proponer el tema del sermon con majestad, arremangar el desnudo brazo, mostrando una denegrida piel sobre el duro hueso hasta el mismo codo, y dar principio á su sermon de esta ó semejante manera, etc.?» (Aquí da fin la pintura de Lobon.)

¿En qué se parece esta á la de Vieyra? En lo mismo que el espíritu de usted al de un capuchino verdadero. ¿Pues con qué verdad dice que Vieyra formó la figura que el Gerundiano pone? Con la propia que dice que Vieyra no trasladó los despropósitos que dijo su figuron, así como el Gerundiano traslada los de su fantasma. Santo varon, ¿tiene ojos en la cara, ó sabe á qué obliga la buena fe que deben observar todos los que hablan? ¿Con que Vieyra no trasladó los despropósitos que dijo su estafermo? Pues óigale usted una docena de renglones mas abajo. «Vemos salir de la boca de aquel hombre, así en aquel traje, una voz muy afectada y muy pulida, y luego empezar con mucho desgarro, ¿á qué? A motivar desvelos, á acreditar empeños, á acrisolar finezas, á lisonjear precipicios, á brillar auroras, á derretir cristales ó á desmayar jazmines, á bostezar primaveras y otras mil indignidades de estas.» Tenga usted por cierto que si hubiera alcanzado á su padre confesor y á otros de su calaña, hubiera añadido: «A bosquejar lunares, á descubrir pechos, á naufragar en candores, á peligrar en sierras nevadas, et reliqua.» ¿Y esto no es trasladar los despropósitos del predicador amortajado? Sí, me responderá usted muy fruncido; pero no con sus mismas palabras. ¡Válgate la mona por hombre! Y para el caso ¿qué mas tendrá trasladar la sustancia que copiar las voces? Ayer me sucedió este caso con un niño. Andaba vestido de donadito: vile con calzones, y le dije: «¡Ah mal fraile! ¿por qué colgaste los hábitos?» Y el chicuelo comenzó á patear y á llorar, diciendo: «Yo no los colgué; que están en el arca de mi abuelo.» Lo mas precioso del pasaje es lo que se sigue. «¿Predicó acaso Vieyra poniendo á un ente verdadero? No, sino á un Fray Gerundio; pero tú, con la figura de Fray Gerundio, hieres y satirizas á los entes verdaderos.» Cada paso es un tropiezo. Dígame usted, criatura de Dios, ¿y para qué puso Vieyra á ese Fray Gerundio? ¿No fué para dar, en cabeza del Fray Gerundio fingido, contra los Gerundios verdaderos? Porque, si no fué eso, sería para hablar al aire y sin objeto. Pues si el Gerundiano hace lo propio, como usted mismo lo confiesa; si da contra los entes verdaderos en cabeza del Fray Gerundio fingido, ¿en qué está su delito? Lo que fué loable en Vieyra, ¿por qué ha de ser reprensible en el Gerundiano? Porque en la teología de usted está precisado á pecar, quiera ó no quiera. Si supone sermones fingidos en todo semejantes á los verdaderos, peca, porque se vale de especies increibles, fingidas y supositicias, para desacreditar á entes verdaderos. Si traslada sermones verdaderos, á cuyos desbarros apénas pueden acercarse los fingidos, peca, porque debiera dar contra los Gerundios verdaderos, en cabeza de un Gerundio fingido. ¡Válgate Dios por catonísimo señor, que todo le desagrada! A pelo le viene á usted aquello de Fedro contra los censores de sus fábulas. Haga usted cuenta que se lo dice el Gerundiano:

Quid ergo possum facere tibi, lector Cato,
Si nec fabellae te jubant, nec fabulae?
Noli molestus esse omnino litteris,
Majorem ne tibi exhibeant molestiam.

Vaya la trova en romance, para que á usted no se lo pase por alto.

Válgate Dios por lector,
Que pone en lo que repara.
Ala ficcion mala cara,
Pero á la verdad peor:
Penitente y confesor,
Ambos son dos penitentes
Que no han de hablar entre gentes
De letras, ni con autores;
Porque, aspirando á doctores,
Quedarán en inocentes.

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