José Francisco de Isla. Fray Gerundio de Campazas. In Obras escogidas Biblioteca de Autores Españoles, no. 15. (Madrid: Imprenta de la Publicidad, á cargo de D. M. Rivadeneyra, 1850): 288b-289a.

No dejó aquel saladísimo ingenio tecla que no tocase, ni se le quedó en hueco la de la corrupcion del púlpito, pues en su célebre novela de El Perro y la Calentura, pone el figuron de un predicador Gerundio, en el siguiente mamarracho, que copio aquí porque es muy posible que no lo hayas visto, ó que no te acuerdes de eso.

«Acabando de cantar vísperas de San Juan unas monjas de Granada, estando mucha gente en la iglesia, se subió al púlpito el Docotr Sumo Camaloco, estando yo presente; comenzó á predicar diciendo: San Juan, San Juan, mas guardado que oro en pan y sábado de judío, si me alcanzais la gracia que os pido, yo os dará los buenos dias. Hoy, que sois mas cantado que pan y vino por Todos Santos, no ha sido menester avisar á mi sermon, porque no toquemos campanas para ensalada de zanahorias. Mas porque el dinero no crece en el talego, y el bolson es para la ocasion, digo que tengo mucha ropa de contrabando embargada en el estanco del silencio; mas esta vez hasta las tripas han de salir de su viaraza; que soy mátalas callando, si espántalas hablando; y así, señoras madres, decirlo tengo, aunque sea á tontas y á locas; y como el santo de hoy predicó en desierto, á quien cortó la cabeza la verdad y una pu... (iba á decirlo); y debió de ser porque enseñó á los lobos el cordero, etc.»

Aquí te cojo, me dirá acaso el buen Penitente, pues ahí Quevedo no hizo la concordancia de Fray con Camaloco, sino la de Doctor. Confiésole que sí; pero ó sería porque á la hora no se le vino á la pluma, ó porque ya á pocas columnas ántes se habia dejado caer como al descuido estas flojas: «Padre predicador del Flos sanctorum, ¿para qué no vende á mas de la tasa el trigo que recogió de las espigas de Ruth en la traqueada de Valderrama? ¡Ay, cómo el padre mortificado se abstiene de cernícalos cuando tiene perdigones! ¡Ay, cómo al torno pide el Padre Presentado! Mas ¿para qué quiere la oveja besamanos del lobo?» En verdad que este funículo triple no da el zurriagazo mas suave que el sencillo del Doctor Camaloco.

Vamos claros: yo no sé cómo chilla tanto el buen Penitente contra el Gerundiano con su torna y daca, «que bien se le conoce ha querido ofender las religiones, y que tiene enemiga ó tirria con los frailes.» Vaya, vuelvo á decir, que no sabe lo que dice ó no entendió bien á su padre espiritual. El Gerundiano solo tira á los malos predicadores, sean frailes, ó semifrailes, ó bonetes, ó las cuatro puntas, ó de cuatro costados. Esto se hace evidente, pues entre los ejemplos de sermones que critiquiza, no perdona, en lo poco que pudo cogerle la rueda, á un hombron como el jesuita Vieyra, cuyo nombre solo bastaba para enmudecer de miedo ó de respeto al mas alentado crítico, como no fuese una monja de Méjico; que á esa, por ser señora ó por rara avis in terra, se le podia tener por favor su ingeniosa censura. Tampoco exceptúa á los eclesiásticos seculares, como se echa de ver en el sermon que apunta de San Pio V, que yo he oido por estos oídos que han de comer la tierra; y aunque el señor canónigo que le predicó era de los mas celebrados oradores que tenia entónces la carrera, y paisano mio, no puedo negar que el estilo de triquitraque era muy pueril é impropio en un hombre de su circunspeccion. ¿Qué mas claro puede estar que en el Gerundiano no hubo excepcion de personas? No se metia con estas, sino con la extravagancia de su oratoria. Imputarle que quiere ofender las religiones, es un juicio temerario y depravado, que no tiene mas fundamento que el de ver aplicado el Fray al Gerundio. [...]

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