José Francisco de Isla. Fray Gerundio de Campazas. In Obras escogidas . Biblioteca de Autores Españoles, no. 15. (Madrid: Imprenta de la Publicidad, á cargo de D. M. Rivadeneyra, 1850): 143b.

CAPITULO II.

Sálense á pasear Fray Blas y Fray Gerundio, y de las ridículas reglas para predicar que le dió aquel con todos sus cinco sentidos.

Ellos, que no deseaban otra cosa, sin aguardar á mas razones toman los báculos y los sombreros y sálense solos al campo, bien resueltos á no volver á la granja hasta muy entrada la noche. Quiso ante todas cosas el predicador mayor leer luego á su querido sabatino el sermon que habia de predicar á Santa Orosia y le llevaba en el pecho , entre el coletillo y la saya del hábito, asegurándole que era de los sermones mas á su gusto que habia compuesto hasta entónces. Pero Fray Gerundio le dijo que para leer el sermon ya habria tiempo, y que en aquella tarde tenia mil cosas que decirle, las cuales no querria que se le olvidasen; especialmente que, como la ocasion es calva, era menester cogerla por los cabellos, pues acaso no pillar&iacte;an otra semejante en mucho tiempo. Espetóle toda la conversacion que habia tenido por la mañana con el Padre Maestro; lo que le habia dicho acerca de las facultades en que debia estar por lo ménos medianamente instruido todo buen orador, la necesaria lectura de los santos padres, y á falta de esta, el modo de suplirla con la leccion atenta de buenos y escogidos sermonarios, los que determinadamente le habia señalado que eran los de Santo Tomas de Villanueva, Fray Luis de Granada y el Padre Vieyra; y finalmente, las reglas que á peticion suya habia ofrecido darle para predicar bien todo género de sermones.

2. ¿Y á tí qué te pareció de todo lo que te dijo ese santo viejo? le preguntó Fray Blas. ¿Qué quiere vuestra merced que me pareciese? Le respondió Fray Gerundio, que todos los viejos saben á la pez, y que en fin los viejos no dicen mas que vejeces. Ahora bien, le replicó Fray Blas, excusemos de razones, porque contra experiencia no hay razon; y para que veas cuán sin ella habla ese santo hombre, oye un argumento sencillo, pero convincente. Yo no he estudiado ninguna de esas facultades que te dijo eran tan necesarias para ser uno buen predicador. Yo no he leido de los santos padres mas que lo que encuentro de ellos en las lecciones del Breviario y en los sermones sueltos que se me vienen á las manos, ó en los srmonarios de que uso. Yo no sé que haya visto, ni aun por el pergamino, los sermones de Santo Tomas de Villanueva. Por lo que toca á los de Fray Luis de Granada, lléveme el diablo si en mi vida he leido ni siquiera un renglon, y solo de Vieyra he ledio algunos sermones, porque me gustan mucho sus agudezas. Siendo esto así, te pregunto ahora: ¿Parécete en Dios y en tu conciencia que predico yo decentemente? ¿Qué llama decentemente? replicó con viveza Fray Gerundio; yo en [End of 143b.] mi vida he oido ni espero oir á otro predicador semejante. Luego para predicar bien (concluyó Fray Blas) no es menester nada de eso que te quiso encajar el antaño de Fray Prudencio.

©The Sor Juana Inés de la Cruz Project.