[Part of "Noticia segunda"]

Pero como se alli à quatro dias se seguia la fiesta de S. Domingo, el dicho P. Predicador Fr. Domingo de S. Thomás, en un convento de monjas de su Orden, y todos los otros predicadores de los demas conventos, tomaron por principal assumpto de sus sermones àl P. Vieira. El qual, aviendo sabido lo que passava, lo que solamente dixo fué: que los Padres Dominicanos le avian hecho mucha honra; porque en el concurso de las fiestas precede siempre el Patron; y ellos sobre el mismo Patron le avian dado preferencia, predicando Antonio de Vieira quando avian predicar de Santo Domingo. Y diziendo-le particularmente de Fr. Domingo de Santo Thomas algunos cavalleros que en su sermon se avia despicado, respondió el Padre Viera: [p.744]Si hizo mejor sermon de su Patriarca que yo del mio, despicòse; pero si no lo hizo, no se despicò; que solo de esta suerte se despican los predicadores. Y no huvo entonces, ni pudo aver mas, porque el P. Vieira estava de partida para Roma.

En Roma predicò à la Magestad de la Reyna de Suecia (que le hizo su Predicador) las Cinco Piedras de David, que de alli à seis años se estamparon en Madrid. Y passando à Lisboa, en donde (como es costumbre) se buelven à rever todos los libros que vienen de afuera, y siendo embiadas dichas Piedras à un Calificador de la misma Orden, las censurò con nombre de Opus putridum, y le condemnò treinta y cinco proposiciones, las quales fueron defendidas con una doctissima Apologia del R.P.D. Rafael Bluteau, Doctor en la sagrada Theologia, y Calificador del Santo Oficio. Y estando parado aquel libro, y sin correr, vino de Roma orden de Su Santidad para que ningun libro del P. Vieira estampado en otra parte con las licencias ordinarias se pudiesse impedir. La qual orden executó secretamente el Ilustrissimo y Reverendissimo Señor Arzobispo de Calcedonia, à la sazon Nuncio Apostolico en Lisboa, y àl presente en Madrid, embiando àl P. Vieira una carta de su puño con un libro de las Cinco Piedras, diziendo que ya se vendian publicamente.

Despues de estas correspondencias de los Padres Dominicanos, lo que ha hecho el P. Vieira es que, estampado el sermon de S. Ignacio, quitò la palavra Concepcion, de que ellos se avian ofendido. Y siendole cometida por orden Real la revision de la Chronica Domínicana (1), la aprobò con los elogios y alabanças de la Religion y del Autor, [end of p. 744] que en la misma Chronica se pueden ver. [...]

NOTAS

(1) A terceira parte da História de S. Domingos, por Frei Luís de Sousa.