Diego Calleja, S.J. Vida de Sor Jvana, edición de Ermilo Abreu Gómez. (México: Antigva Librería Robredo, 1936): 25.

Entre las lisonjas de esta no popular aura vivía esta discretísima mujer, cuando quiso que viesen todos el entendimiento que habían oído; porque conociendo que el verdor de los pocos años tiene su ternura por amenaza de su duración; que no hay abril que pase de un mes, ni mañana que llegue a un día, que lo hermoso es un bien de tan ruin soberbia, que si no se permite ajar, no se estima; que la buena cara de una mujer pobre es una pared blanca donde no hay necio que no quiera echar un borrón; que aun la mesura de su honestidad sirve de riesgo, [End of p. 24.] porque hay ojos que en el hielo deslizan más, y, finalmente, que las flores más bellas manoseadas son desperdicio y culto divino en las macetas del altar, desde esta edad tan floreciente se dedicó a servir a Dios en una clausura religiosa, sin haber jamás amagado su pensamiento a dar oídos a las licencias del matrimonio, quizás persuadida de secreto la americana Fénix a que era imposible este lazo, en quien no podía hallar parIII en el mundo. Tomó este acuerdo la madre Juana Inés a pesar de la contradicción, que la hizo conocer tan entrañada en sí la inclinación vehemente al estudio. Temía que un coro indispensable, ni la podía dejar tiempo ni quitar la ansia de emplearse toda en los libros, y meter en la religión un deseo estorbado, sería llevar por alivio un continuo arrepentimiento, torcedor que a las más vigorosas almas no las deja en toda la vida respirar, sino ayes, en especial cuando el deseo reprimido no se aprende por especie de culpa; que entonces con lo anchuroso de la permisión hallan los grandes juicios muy a trasmano la resistencia [End of p. 25.] del deseo. Era por aquel tiempo el Padre Antonio Núñez, de la Compañía de Jesús, en la ciudad de México, por virtuoso y sabio, veneración de todos y confesor de los señores Virreyes. Comunicó, los recelos de su vocación, Juana Inés con varón tan ilustre, que a fuer de luz la quitó el miedo: porque siendo el consultado de tal familia, claro estaba que no le había de parecer difícil caber dentro de un alma grande15 talentos de sabiduría hermanados con grandes virtudes religiosas y que16 se oponían a éstas, la dijo, era mucha ganancia esconder los talentos; con que depuesta la repugnancia resolvió Juana Inés con denuedo piadoso, dejar en su mundo su inclinación a la sabiduría humana, y en cada libro que abandonaba degollarle a Dios un Isaac, fineza que su Majestad la pagó con sobre añadir a su entendimiento capacidad para aprender en la religión, a ratos breves, que habían de ser, u ocio, u descanso, más noticias, que tantos como en las escuelas a puro gastar tiempo y macear, acepillan finalmente su tronco.

NOTAS

Variantes de la Edición de Amado Nervo

III. paz.

Variantes de la Edición del P. Diego Calleja S.J.

15. un alma tantos talento de sabiduría.
16. si se oponían a éstas.

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