Ermilo Abreu Gómez, ed. Sor Juana. Carta Atenagórica, Respuesta a Sor Filotea. Clásicos Mexicanos. (México: Ediciones Botas, 1934): 6-9.

La Carta Atenagórica o réplica al sermón del Mandato, del P. Antonio Vieyra S. J., 10. tuvo origen--como dice la propia poetisa--, en las bachillerías de una conversación. Y si después la escribió, fué tan sólo por atender instancias superiores y porque conociera su anónimo interlocutor que le obedecía en lo más difícil.11. Es de suponer que, durante algún tiempo, corrieron copias de su trabajo entre los letrados de la corte. Así llegaría alguna a manos del obispo de Puebla, a quien pareció tan digna de publicidad que, además de titularla Carta Atenagórica--antes se llamaba Crisis de un Sermón--, la imprimió a su costa e hizo circular. Con ella publicó también una breve epístola en la que, entre elogios y cortesías, dice a la monja que es tiempo y razón de que "se perficionen los empleos y se mejoren los libros". Es decir que, olvidando a filósofos y poetas, dedique sus talentos al estudio de los textos sagrados.

La Carta contiene dos trabajos distintos, aunque unidos por el nexo del tema principal que ofrece el sermón del P. Vieyra. El primero, el más importante, podría rotularse: Crisis sobre el sermón del Mandato; el segundo, corolario del anterior, La Mayor Fineza del Divino Amor. Con este criterio dividimos la estructura de la Carta. El tema de ésta encaja dentro del plan de los estudios teológicos que se propuso desarrollar Sor Juana al tiempo de ingresar a San Jerónimo.

Antes había ya tocado el punto en varias ocasiones. Discurre acerca de las finezas de Cristo en la Loa, que precede al auto El Mártir del Sacramento San Hermenegildo (1725, II, Madrid, 78-80). En ella dialogan hasta tres estudiantes acerca de cuál es la fineza mayor y de más mérito. En un principio disputan dos en el General de la Universidad: [End of p. 7.]

--Yo la consecuencia niego.
--Y que el supuesto no admito.
--Que niego la mayor digo.
--Y yo digo que la pruebo.

A ellos se agrega un tercero, que pretende armonizar los dos pareceres. Fuera del claustro prosiguen más enconados:

--Yo digo que la fineza,
después de hacerse hombre el Verbo,
mayor fué la de morir.
--Yo, aunque grande la confieso,
digo que fué más quedarse
por él en el Sacramento.

Y así arguyen y redarguyen probando por discursos de razón, con ergos y distingos, sus respectivos puntos de vista, sin alcanzar una concordia postrera.

Estas opiniones son las que Sor Juana discute en su Carta. Hace nuevas referencias a las finezas de Cristo en el Villancico a la Encarnación, donde dice:

Hoy es del divino amor
la Encarnación amorosa
fineza que es tan costosa
que a las demás da valor. 12.

En otro lugar escribe:

--¿Dígame por qué Cristo
en el Sacramento,
estando glorioso
está como muerto?
--Está como muerto, porque
nos quiso en este misterio
de la fineza mayor
representar el recuerdo.

Y de la fineza que supone encarnar por nuestro amor, habla también en la Introducción al intento de sus Ejercicios Devotos para la Concepción. Y todavía, según Castorena y Ursúa, la poetisa dejó manuscritos unos Discursos a las Finezas de Cristo. Documentos que, desgraciadamente, no han llegado hasta nosotros.

Adviértese, pues, que el tema de la Carta no fué improvisado por [End of p. 8.] la monja sino que, antes había sido objeto de diversas consideraciones. El sermón del P. Vieyra vino a dar cima a su discurso y a fijar los puntos de su criterio.

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NOTAS

10. El sermón fué predicado en 1650, en el Colegio de Lisboa; el P. Vieyra, S. J. (1609-1697) fué predicador de Juan IV y Visitador de las posesiones portuguesas en América. Por su elocuencia fué llamado el Cicerón lusitano. Sus obras se publicaron, en Lisboa, en 15 volúmenes, por los años de 1679 y 1718. [End of p. 6.]

Al P. Pedro Avendaño, S. J., que fué maestro de Retórica en el Colegio de San Pedro y San Pablo, de México, llamábasele, por su elocuencia, el Vieyra de la Nueva España. Actúa a principios del siglo XVIII.

11. Es imposible admitir que este interlocutor fuera ni el P. Núñez, confesor de la monja, ni ningún otro miembro de la Compañía, puesto que el impugnado era también jesuíta. Me inclino a pensar que se trata de alguna persona de autoridad, extraña a la orden, a quien la poetisa estaba obligada en obediencia y amistad, como el propio Obispo de Puebla. Al final de la carta de éste se lee: "esto desea a v. Md., quien desde que la besó, muchos años ha, la mano, vive enamorada de su alma, sin que se haya entibiado este amor, por la distancia, ni el tiempo..." Es posible, en efecto, que Fernández de Santa Cruz haya tratado a Sor Juana, antes de que ésta ingresara al Convento, cuando vivía en la ciudad o en la corte de Mancera.

(Fernández de Santa Cruz nació en Palencia e hizo sus primeros estudios en Salamanca. Se le consagró Obispo de Guadalajara, en México, el 24 de agosto de 1675. Murió, según D. Francisco Antonio Lorenzana y Buitrón, en Texocuna, el 10 de febrero de 1699.) [End of p. 7.]

12. 1725, I. Madrid, p. 189.

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