NOTAS DE HISTORIA

Juana de Asbaje y su Tiempo

por

Agustín Cué Cánovas


III

En otro aspecto, la época en que vivió Sor Juana corresponde también a un período de lujo y riqueza en las clases superiores, como lo advirtiera el fraile dominico Tomás Gage en su visita al país décadas antes. Pero las mismas costumbres van adquiriendo un acento nacional. Los arcos triunfales que se levantan en las plazas para celebrar los grandes sucesos, ostentan figuras que representan a los antiguos señores meshicas. En 1697, el virrey conde de Moctezuma se niega a participar en el Paseo del Pendón, acto que conmemoraba la caída de Tenochtitlan, negativa que provocó disgusto en los peninsulares. En el elemento indígena y en sus tradiciones empezaban a apoyarse criollos y mestizos para luchar contra los españoles dominantes.

Además de México, tienen ya importancia política y artística otras ciudades: Puebla, Guadalajara, Oaxaca y Mérida. Entre los años de 1621 y 1624 empieza a introducirse en nuestro país el barroco, estilo arquitectónico de acuerdo con el que se construyen la mayor parte de las iglesias mexicanas. Pero este estilo, al llegar a la Nueva España se transfigura y deja de ser español para convertirse en mexicano, imprimiendo su huella y su espíritu modificado ya por el hombre y el ambiente, a un nuevo estilo de vida y de cultura, a una nueva era que marca el paso de la edad media colonial a la época moderna en nuestra historia.

Es cierto que continúa predominando un espíritu de religiosidad en la vida y en las costumbres, pero menos riguroso que en el siglo XVI. Por entonces empieza a perder importancia el culto a la virgen española de los Remedios frente al de la virgen de Guadalupe bajo cuyo signo se pretende ahora conjurar las calaminades y los desastres. Al amparo del guadalupanismo va a ir surgiendo también, el sentimiento de la nacionalidad.

Mas no existen ya, en el clero, ejemplos de devoción y sacrificio como el de los misioneros del siglo XVI. Las órdenes religiosas y el clero secular se han corrompido. Las fiestas y ceremonias no son ya de carácter exclusivamente religioso. Empieza a alentar en ellas un espíritu profano que se manifiesta en representaciones de comedias, erección de arcos triunfales, recepciones y virreyes y altos funcionarios eclesiásticos, mascaradas y desfiles estudiantiles. La cultura sigue subordinada a la religión pero dentro de ésta misma se advierten los primeros indicios de un nuevo espíritu y de una nueva conciencia social.

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En este clima social y espiritual apareció Juana de Asbaje. Este fue su ambiente, ésta la atmósfera en que discurrió su fecunda y extraordinaria existencia. En su tiempo, el gobierno español sabía ya lo poco que debía fiar en la lealtad de sus súbditos novohispanos, no obstante los muchos años de ocurrida la conquista: de aquí sus providencias para que los indios no recibieran instrucción alguna, y su empeño en alejar de los puestos públicos a los criollos sospechosos, desafectos al yugo extranjero como los mismos indios y castas.

"Vivió Sor Juana --escribió don Ezequiel Chávez--, en aquel México hambriento y desesperado, y por desesperado rebelde, que movido también acaso por la ira que le provocaban abusos de infames especuladores de su miseria; y agotado por la indignación que encendió la cruel rudeza que rechazaba sus recriminaciones, apedreó las ventanas del palacio violentado y forzado de los virreyes, y puso fuego al palacio mismo y las casas del Cabildo, así como a las tiendas de mercaderes de la Plaza Mayor...". Epoca dramática y atormentada fue la que vivió la monja excelsa, que no pudo sino rubricar con su sacrificio doloroso, su protesta íntima y su incoformidad latente contra el régimen de intolerancia espiritual y de opresión social dominante en su tiempo. Su pensamiento y su obra es a la vez el último fulgor intelectual del siglo XVII y como la aurora del nuevo espíritu racionalista y crítico, que al influjo de las luces de la Ilustración, penetró fuerte y profundamente en México en el siglo XVIII. Pero la grandeza y perdurabilidad de su fértil espíritu radica esencialmente en el hecho de que supo avizorar, antes que muchos otros, y en una época de crisis histórica, la realidad futura de la nación mexicana.

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Vida, pensamiento, acción y destino de Juana de Asbaje muestran con clara evidencia que aún los seres llamados a realiza [sic] grandes empresas, sólo pueden explicarse dentro del marco de su tiempo.

Corresponde la obra y la existencia de Juana Inés, a un período de crisis como lo fue la segunda mitad del siglo XVII, época de tránsito entre la catolicidad y la modernidad en nuestra historia, representada por las primeras manifestaciones del "barroco" mexicano. Es una etapa todavía contradictoria e imprecisa en la que una incipiente clase media, oprimida ferozmente por el clero, la Inquisición y el mismo Estado colonial, contempla con rencor el régimen de la dominación española, pero no tiene todavía una idea clara de cómo lucha para destruirlo. Juana de Asbaje es la más notable representante de la clase media intelectual de su tiempo, que no había podido asimilar totalmente el racionalismo del Renacimiento ni los principios de libertad proclamados por la Reforma religiosa y que, por la acción del régimen social imperante, no había podido forjar, como lo hizo un siglo después, las armas intelectuales que sirvieran de antecendente a la lucha por la independencia política del país.

El Nacional (15 de diciembre de 1951): 3-4.

©The Sor Juana Inés de la Cruz Project.

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