NOTAS DE HISTORIA

Juana de Asbaje y su Tiempo

por

Agustín Cué Cánovas

I

Juana de Asbaje es la figura más grande del siglo XVII en la Nueva España. Su obra --ha escrito Ermilo Abreu Gómez--, responde tanto a la realidad de su vida como a las condiciones de su tiempo. Fruto de las nuevas corrientes históricas que socavaban lenta pero persistentemente los cimientos del régimen feudal en el mundo y preparaban el nuevo orden burgués del siglo XVIII, en el cruce de dos épocas en que le tocó vivir, Juana de Asbaje hubo de sufrir la todavía vigorosa oposición de la iglesia católica, último baluarte del antiguo régimen que se empeñaba afanosamente en prolongarse a lo largo de una agonía de siglos. Surge también la monja insigne en un período en que la decadencia de la España imperial sigue un movimiento uniformemente acelerado, que se proyecta, aunque con retraso, en la organización política del Estado novohispano que empieza a debilitarse por efecto de la misma declinación del poder político español y de la acción continuada de causas internas que originan insurrecciones populares, conflictos religiosos, pleitos por jurisdicciones entre la iglesia y el poder civil, ataques de piratas y corsarios, etc., sucesos que propician en la Nueva España el nacimiento de una nueva conciencia política y social, configurada ya dentro de la realidad de una nación mexicana en embrión que va apareciendo al impacto del proceso de maduración del grupo euromestizo y criollo.

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En el pensamiento y la obra de Juana de Asbaje se manifiesta ya el conflicto de dos concepciones antinómicas del mundo y de la sociedad: la del hombre que busca la verdad a través de la ciencia y que se siente heredero y continuador del espíritu racionalista del Renacimiento, y la de aquel que persiste en mantener y conservar la tradición escolástica y con ésta la feudalidad como sistema social y espiritual. Situada en la atmósfera dramática de dos mundos en pugna, Sor Juana ha de reflejar el espíritu contradictorio de su tiempo. Por esto, su obra se matiza de ideas que, si por una parte parecen proyectarse en el sentido de un mundo y de una sociedad nuevas, por la otra, al influjo de los prejuicios religiosos y de la autoridad política y espiritual del clero novohispano, se ligan al pasado medieval, en manifestación de importancia que la convierte en víctima inexorable de su tiempo.

Sin embargo, a pesar de sus indecisiones y titubeos, explicables en función de la sociedad y del régimen en que vivió, su figura extraordinaria anunciaba ya, en las postrimerías del sgilo XVII, la nación embrionaria surgida del debate dramático y fecundo entre el antiguo y el nuevo régimen; entre la concepción de un Estado-Inglesia decadente y la realidad de un orden político apenas naciente, fundado en los principios de la libertad y de la independencia del país. En este aspecto, a pesar de sus contradicciones, Juana de Asbaje es precursora de la nacionalidad mexicana que surgía, lenta y afanosamente, de las entrañas de la antigua sociedad novohispana.

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La primera mitad del siglo XVII fue uno de los períodos más nefastos de la historia de España. En el cursó de poco más de cincuenta años la monarquía española, tan fuerte aún en apariencia, orgullosa de su gran imperio, sufrió la más tremenda caída de que hace mención la historia moderna.

Contribuyó de modo importante a esa rápida decadencia la incapacidad y la corrupción de los gobiernos de Felipe III y Felipe IV, que entregaron el poder a favoritos torpes y venales. Pero además, un siglo de grandes guerras, el siglo XVI, había agotado los recursos de la España imperial. Por su parte, los gobiernos de los favoritos reales habían contribuído grandemente a debilitar la autoridad de los monarcas, situación que hubo de reflejarse necesariamente en las colonias españolas de América.

Desde principios del siglo XVII, una política contraria a los verdaderos intereses de la nación española provocaba pérdidas y desastres que empujaron al país rápidamente por el camino de la decadencia. Primero fue la expulsión de más de medio millón de agricultores y obreros moriscos en 1609, acto determinado por la presión enérgica del clero español para realizar la unidad religiosa en el país, aunque el logro de ésta originara un descenso rapidísimo en la economía de la nación.

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Durante cuarenta años, España va a hallarse en lucha con parte de Europa. Además, en el interior del país, la política unificadora de Felipe IV origina la sublevación de los catalanes y portugueses. En 1640 Cataluña se separa de España. Doce años duró la guerra de España para reconquistar Cataluña y aunque a la postre triunfara aquélla, el gobierno español tuvo que restituir sus fueros a los catalanes.

Pero el golpe más sensible sufrido por España fue la sublevación de Portugal que Felipe II había anexado a España en 1580. Después de este suceso, la monarquía española había descuidado los intereses de Portugal y las colonias de ésta habían pasado, casi sin defensa, a poder de Holanda. En 1640, al recibir la noticia de la sublevación de Cataluña, los portugueses, ayudados por Francia, se sublevaron contra España, sosteniendo una larga guerra para reconquistar su independencia. Por la paz de los Pirineos, España hubo de reconocer la independencia de Portugal.

Mientras tanto, España participa en la guerra de treinta años (1618-1648) concluída con el Tratado de Westfalia con el que no terminó la rivalidad entre Habsburgos y Borbones pero que, al otorgar a Francia grandes ventajas políticas y económicas, puso fin a la hegemonía española en Europa substituyéndola por la preponderancia francesa.

Más tarde, el rey francés Luis XIV intenta apoderarse de los Países Bajos belgas y esto lo lleva a un nuevo conflicto armado con España. Por último, al iniciarse en 1688 la guerra de la Liga de Augsburgo, España participa en ella aliada con otros Estados, contra Francia. Aunque ésta fue derrotada por una poderosa alianza de países, España quedó convertida en una potencia de segundo orden en tanto que Inglaterra surgió transformada ya en una gran potencia marítima y comercial.

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Estos sucesos trascendentales en la historia de España repercuten en nuestro país originando el debilitamiento de la autoridad virreinal y con éste, una sucesión de alzamientos, motines, conflictos políticos y religiosos, invasiones piráticas, etc., que favorecen el ascenso de criollos y euromestizos en el ámbito de la sociedad novohispana y, consiguientemente, empiezan a producir una conciencia nacional, impedida de aparecer hasta entonces por la fortaleza del poder español durante el siglo XVI y aún parte del mismo siglo XVII.

El Nacional (29 de noviembre de 1951): 3; 6.

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