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    En Lima, el día 16 de diciembre de 1999, en el local del Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar (CELACP), se presentó el Número 50 de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, dedicado a la memoria y obra de su Director Fundador, Antonio Cornejo Polar (1936-1997).

    También se hizo durante el acto una evaluación de la trayectoria editorial de 25 años ininterrumpidos de dicha revista, así como una proyección de la misma-- en términos de línea editorial y contenidos--hacia el futuro inmediato.

    Participaron en el acto los antiguos colaboradores de la revista, doctores David Sobrevilla y José Ignacio López-Soria, la viuda del Director Fundador, Cristina Soto de Cornejo y el actual Director, Raúl Bueno Chávez.

    A continuación se incluye el texto leído en esa ocasión por el Dr. Sobrevilla

    Voy a dividir mi intervención en dos partes: en la primera me referiré sumariamente a los 25 años de la revista, y en la segunda haré una presentación del número 50. Deseo sostener como tesis general que la RCLL ha sido la revista peruana más influyente, sobre todo a nivel internacional, después de Amauta que José Carlos Mariátegui publicó en 32 números entre 1926 y 1930.

    I -- Los 25 años de la RCLL

    Antonio Cornejo Polar ha contado que en la década del 70 se organizaron algunos congresos de "Nueva narrativa y nueva crítica hispanoamericana". Un grupo de colegas comprobó en Valparaíso que tenían una revista de teoría (Problemas de literatura), otra dedicada a la nueva narrativa (Nueva narrativa hispanoamericana) y una tercera cultural con un fuerte contenido político (Casa de las Américas), pero que les faltaba una revista de crítica que pusiera el énfasis en determinados sectores: las literaturas populares, las lenguas nativas etc.

    Poco después se reunió en La Habana con Roberto Fernández Retamar y Nelson Osorio y decidieron echar a andar el proyecto en Lima. Entre los miembros del Consejo de Redacción se encontraban algunos creadores y críticos indiscutibles del extranjero como Mario Benedetti, Jaime Concha, Ariel Dorfman, Roberto Fernández Retamar, Antonio Melis, Roberto Paoli, Carlos Rincón, Jorge Ruffinelli y Joseph Sommers, entre otros; y entre los nacionales estaban: José Antonio Bravo, Raúl Bueno, Tomás Gustavo Escajadillo y Alejandro Losada (argentino, pero que por entonces enseñaba en San Marcos). La dirección la asumió por cierto Antonio y la coordinación fue asignada a Nelson Osorio. La RCLL empezó a salir en el primer semestre de 1975.

    No hay en el primer número ninguna declaración de principios, pero la lectura permite percibir desde el inicio de la publicación su línea: tiene un talante realmente crítico, adhiere a ideas de izquierda, posee un exigente nivel teórico, y su título muestra claramente un propósito central: no se llamaba vaga y sosamente Revista Latinoamericana de Crítica Literaria, sino Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, lo que ya implicaba mucho. De hecho, se planteaba una crítica latinoamericana en los artículos de Roberto Fernández Retamar ("Algunos problemas teóricos de la literatura hispanoamericana") y de Alejandro Losada ("Los sistemas literarios como instituciones sociales en América Latina"). Yo mismo contribuí con una extensa reseña de la investigación peruana sobre la poesía de Vallejo entre 1971 y 1974. El número tuvo una acogida entusiasta de algunos latinoamericanistas extranjeros como Jean Franco, y una recepción bastante más reticente en el Perú.

    Para el segundo número surgió un problema inesperado: el primero había sido editado por la editorial IntiSol, que por razones económicas se negó a publicar el segundo. Antonio se había comprometido con mucha gente y ya no podía echar marcha atrás: tomó entonces la decisión de seguir publicando la revista por su cuenta y con la ayuda invalorable de su esposa Cristina Soto de Cornejo . Ni entonces ni después la publicación ha dejado de aparecer regularmente.

    Yo diría, a ojo de buen cubero, que en la RCLL se puede distinguir dos períodos: el primero cubre desde el primer semestre de 1975 hasta el primer semestre de 1987, en que se publicó el número 25, cuando la revista se la hizo e imprimió en Lima. Y el segundo período es el norteamericano. Aquí hay dos fases: desde el segundo semestre de 1987, cuando la revista empezó a salir patrocinada por el Department of Hispanic Languages and Literature de la Universidad de Pittsburgh, donde Antonio principió a enseñar; hasta el segundo semestre de 1997, cuando Cornejo dejó de hacerlo allí. Aquí aparecieron desde el número 26 al 38 (o sea doce números en once entregas, porque un número fue doble). Y la segunda fase fue desde el primer semestre de 1994, cuando Antonio se trasladó a Berkeley y la revista empezó a publicarse con el auspicio del Department of Spanish and Portuguese de la misma Universidad. En este caso se trata desde el número 39 hasta el 48, que corresponde al segundo semestre de 1998. Entretanto se había producido el fallecimiento de Antonio en mayo de 1997, habiendo sin embargo planeado antes los números que aparecieron luego de su deceso: el 48 en Berkeley y el 49 en Hanover. Aquí se trata de nueve números en ocho entregas, porque uno volvió a ser doble. Finalmente, los números 49 y 50 han pasado a ser dirigidos simultáneamente por Raúl Bueno y Nelson Osorio y han sido auspiciados por el Department of Spanish and Portuguese del Dartmouth College.

    ¿Existen algunas diferencias perceptibles entre estos dos períodos? Yo diría que hay una línea de continuidad: tratar de hacer una crítica desde América Latina de su literatura, a partir de una posición de izquierda amplia y no sectaria y con un reconocido nivel teórico. Más hay también algunas diferencias: en el primer período es –por razones obvias- mayor el número de contribuciones de críticos peruanos y sobre literatura peruana, mientras en el segundo crece la de críticos latinoamericanos y norteamericanos que viven y trabajan en los Estados Unidos y se diversifica notablemente el interés concedido a otras literaturas (como a la del Brasil). Además los números se van haciendo cada vez más voluminosos y –por qué no decirlo sin agravio de nadie- mejor impresos.

    ¿Cuáles son las principales tareas que ha cumplido la RCLL? En una enumeración libre permítanme recordar las siguientes:

    1. Cumplió cabalmente con la tarea propuesta de ennuclear la labor de los críticos literarios de izquierda tanto en el período peruano como en el norteamericano.

    2. Permitió que se llevara a cabo la discusión del planteamiento implícito en el mismo nombre de la revista –RCLL-, debate del que por ej. Antonio salió bastante escéptico de la posibilidad de una crítica específica para la literatura latinoamericana.

    3. No obstante, posibilitó que se discutieran propuestas en este sentido como la de Angel Rama sobre la "transculturación literaria latinoamericana" con sus categorías opuestas de "aculturación" y "transculturación"; o la del propio Cornejo de categorías como las de "heterogeneidad" y "sistema literario" –recogiendo en parte a este último respecto ideas de Alejandro Losada. Estas propuestas estaban destinadas a entender más adecuadamente la literatura latinoamericana, pero no sólo a ella.

    4. Dio a conocer a un amplio público interesado en cuestiones de crítica literaria en el Perú y en América Latina a figuras de la talla de Angel Rama, Roberto Fernández Retamar, Alejandro Losada, Antonio Melis, Jaime Concha, Roberto Paoli o Joseph Sommers.

    5. Permitió que hiciera sus primeras armas en la crítica literaria un buen número de jóvenes latinoamericanos de distintos países o de los Estados Unidos; o que siguieran publicando en la revista algunos críticos ya fogueados.

    6. Permitió una crítica muy amplia, respetuosa y razonada de algunas figuras tabú de la literatura latinoamericana. Fueron probablemente las que Antonio publicó a Mario Vargas Llosa en su revista (y en otros lugares) las que llevaron a nuestro distinguido pero polémico escritor a incluirlo en su lista de "intelectuales baratos" en El pez en el agua.

    7. Fue un modelo de amplitud en el debate: en la Revista se publicaron por ej. las críticas de Roberto Paoli y de José Ignacio López Soria a algunos planteamientos de Antonio –por cierto: con la correspondiente respuesta del criticado, pero en una forma de lo más fair.

    8. Contribuyó de una manera decisiva a que se conocieran entre sí los críticos literarios de la América Latina. En este sentido me parece ejemplar el número 31-32 que contiene un informe sobre la crítica literaria en los diferentes países latinoamericanos e incluso sobre el estado de la latinoamericanística –aunque limitada a lo literario- en otros países como Estados Unidos o los europeos. Algo así no existe ni de lejos por ejemplo en el caso de la filosofía, donde todavía hay compartimentos estancos enormes y reina una enorme incomunicación en América Latina.

    9. Organizó una serie de números monográficos sobre diferentes cuestiones de un gran interés teórico, como por ej. las de la subalternidad (N° 36) o sobre "el espacio urbano y las migraciones campesinas" (N° 46) –téngase en cuenta aquí la coherencia con la intención reconocida por Antonio de ocuparse de literaturas vinculadas al pueblo- o sobre "la visión brasileña de la cultura e historia en las Américas" (N° 47), algo enormemente importante, habida cuenta del nivel de la crítica literaria en el Brasil, que ha producido a grandes teorizadores como Antonio Cándido, Luis Costa Lima o Roberto Schwarz. Estos números monográficos fueron coordinados por diferentes especialistas.

    10. Permitió establecer vínculos entre los intelectuales en América Latina, algo que representa, como escribe Antonio Candido en este mismo número 50 (p. 263), contribuir a diversas liberaciones.

      Podría continuar, pero creo que puede bastar con lo dicho para mostrar la enorme importancia que ha tenido la RCLL en el Perú y en AL. En el Perú antes no tuvimos una revista semejante: Riva-Agüero, Mariátegui, Sánchez, Tamayo, Escobar han sido o son buenos críticos, pero nunca pensaron en fundar una revista como ésta. Y luego del año 1987 en que la Revista se trasladó a los Estados Unidos, no hemos tenido nada ni de lejos semejante –pese a un par de esfuerzos que ahora se está haciendo en este sentido. De otra parte, en América Latina y los Estados Unidos la Revista ha permitido ennuclear a los críticos de izquierda demandándoles un alto nivel teórico.

      Después de Amauta, ninguna otra revista peruana ha tenido una irradiación internacional semejante: ni Mundial, Variedades, la Revista Peruana de Cultura, la Nueva Revista Peruana de Cultura, Las Moradas, Amaru, el Mercurio Peruano y Mosca Azul, entre otras más.

      Que la revista se haya mantenido 25 años se debe por cierto al propio Antonio, pero sólo él y sin la ayuda invalorable en tantos sentidos de Cristina Soto de Cornejo no hubiera podido sacarla. Asimismo hay que mencionar el apoyo de su querida familia, que conforman por ello con todo derecho el Consejo Directivo del Instituto Antonio Cornejo Polar . Y también debe reconocerse el gran papel jugado por Nelson Osorio, Raúl Bueno y Jesús Díaz Caballero.

      II-- El N° 50 de la RCLL

      Raúl Bueno y Nelson Osorio cuentan en la Presentación de este número cómo se ilusionaba Antonio por él, concibiéndolo como una suerte de balance y proyección de la Revista. Pero no pudo ser así por que, como es conocido, Cornejo falleció el 18 de mayo de 1997. Los editores afirman que decidieron entonces –con buen criterio a mi entender- exceder el proyecto de Antonio, dando paso a una valoración más amplia de su obra y de su trayectoria intelectual.

      El volumen se abre con un texto inédito de ACP "Para una teoría literaria hispanoamericana. A veinte años de un debate decisivo", ponencia que presentó a un Congreso sobre "Estado actual de los estudios literarios latinoamericanos" celebrado en Granada a inicios de 1992. Este texto fundamenta la opinión de Cornejo sobre las razones por las cuales el proyecto de producir una teoría literaria realmente nuestra que animaba a la Revista, habría fracasado.

      A continuación viene una primera sección monográfica organizada por Raquel Chang Rodríguez como homenaje del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana a Antonio Cornejo Polar. Además de un artículo de ella misma, hay otros de Mabel Moraña, Nelson Osorio, José Antonio Mazzotti y Raúl Bueno.

      La segunda sección monográfica contiene estudios relacionados con la obra de ACP de algunos reconocidos críticos del pensamiento latinoamericano: Néstor García Canclini, Beatriz Pastor, Martin Lienhard, Neil Larsen, Beatriz González, entre otros. Del Perú participa aquí Tomás Gustavo Escajadillo.

      La sección miscelánica alberga estudios ofrecidos en homenaje de Antonio Cornejo Polar por Belén Castro, William Rowe, Carlos Rincón, Gwen Kirkpatrick y otros.

      Especialmente hermosa me ha parecido la sección de "Notas y comentarios" que contiene semblanzas sobre la figura de ACP y su solidaridad con creadores y críticos como Mario Benedetti, Ariel Dorfman, Carlos Rincón y otros muchos más. Mencionaré a modo representativo esta confesión de Dorfman:

      "Principios de febrero de 1974. Esta semana que pasamos [la familia de Dorfman, D.S.] con ellos [la de ACP, D.S.] en su casa de Miraflores fue inolvidable. Veníamos enfermos, desesperados, con la derrota [el golpe contra Allende, D.S.] escrita muy adentro de los ojos, más allá del consuelo... Me cuidaron los Cornejo como si fueran...sí, ellos, me trataron como si fuera su hermano" (271)

      O léase esta anécdota que cuenta Benedetti y que muestra el humor y la ironía de Antonio:

      "[En 1977] en ocasión de celebrarse en Caracas, organizado por el Centro Rómulo Gallegos, [tuvo lugar, D.S.] un ciclo sobre Crítica Literaria Latinoamericana. Al margen de los debates programados, Antonio pronunció una excelente conferencia, y a continuación se abrió el tradicional turno de preguntas. Tras responder a las normales consultas de cuatro o cinco asistentes, el conferenciante debió soportar a un singular intelectual cuya interrogante (casi una conferencia) ocupó quince o veinte minutos. Una vez concluida (por supuesto he olvidado de qué trataba), Antonio sonrió amigablemente y sólo dijo: "No". El oportuno monosílabo fue seguido de una cerrada ovación" (267-268)

      En suma, se trata de un número brillante que redondea el perfil y entraña de Antonio, Cristina y su familia. Y que además nos muestra que la revista ha quedado en buenas manos: las del discípulo y amigo Raúl Bueno, a quien por su larga vinculación y colaboración con Cornejo, le correspondía -por derecho propio- seguir dirigiéndola.

      Pudo haber sido de otra manera: algunas revistas mueren con sus directores como Vuelta de Octavio Paz; pero en otros la confianza permite que una idea común se continúe más allá de quien la inició –como en este caso.

      Desiderata: podría expresar algunas cosas, pero estoy seguro de que todas las conoce Raúl, de modo que para finalizar sólo me queda expresarle mis mejores deseos para el continuado éxito de esta nueva travesía de la RCLL.

      Lima, 16 de diciembre de 1999




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