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Para el recuerdo de los siguientes compañeros



 

 

 

 

 

 

Recientes Socios
que nos han dejado

En el XIV Congreso (Nueva York, 2001) la Presidenta rindió homenaje a los socios desaparecido:

Christina Dupláa
Manuel Ferrer Chivite
Lloyd Kasten
Rafael Lapesa
Alain Millou
Germán Orduña
Jack Parker
María Pilar Pérez Stansfield
Frank Pierce
Alberto Pinkevich
Edward C. Riley
Aurelio Roncaglia
Carlos Serrano
Colin Smith
Roger Utt
Jám Varey
Roger Walker
L. Woodward

.....y pidió para ellos un minuto de silencio.

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En la muerte de don Emilio
Alarcos Llorach (1922-1998)

El pasado 26 de enero falleció repentinamente en Oviedo, a los 75 años de edad, el profesor don Emilio Alarcos Llorach (1922-1998), catedrático emérito de la Universidad de Oviedo y miembro de la Real Academia Española. Emilio Alarcos había honrado a la Asociación Internacional de Hispanistas aceptando el encargo que esta le había hecho para que pronunciara la plenaria de Lingüística en el XIII congreso de la Asociación, que tendrá lugar en Madrid el próximo mes de julio. Esperábamos con mucha ilusión la conferencia que el maestro iba a pronunciar, y de la que, desgraciadamente, su repentina desaparición nos priva. Estas líneas de nuestro Boletín quieren ser un modesto testimonio de gratitud y de admiración hacia el gran hispanista que nos ha dejado.

Emilio Alarcos Llorach nació en Salamanca en 1922 e inició sus estudios universitarios en Valladolid, donde su padre, Emilio Alarcos García, era catedrático; los continuó, bajo el magisterio de Dámaso Alonso, en Madrid, por cuya universidad se doctoraría en Filología Románica en 1947, con una tesis que dio lugar a sus Investigaciones sobre el Libro de Aleixandre (1948). Catedrático de instituto en Avilés desde 1944, su estancia como lector de español en Berna y Basilea (1946-1947) fue decisiva para su formación como lingüista, pues le permitió entrar en contacto directo con corrientes científicas que apenas habían tenido eco en España, y que él contribuiría de manera decisiva a difundir en su patria. Tras otro breve período como catedrático de instituto en Cabra (Córdoba) y Logroño, obtiene en 1950 la cátedra de Gramática Histórica de la Lengua Española en la Universidad de Oviedo, universidad y ciudad en las que ha enseñado y residido hasta su muerte: durante nada menos que --casi-- medio siglo. De su fecunda labor en esa universidad dan testimonio sus numerosos discípulos, así como una revista que él levantó a pulso, Archivum, imprescindible en los estudios hispánicos. Electo para el sillón B de la Real Academia Española en 1972, su ingreso efectivo en la corporación se produjo un año más tarde. Era, en el momento de su fallecimiento, Presidente de la Asociación de Historia de la Lengua Española.

Es bien sabido que Emilio Alarcos contribuyó decisivamente a la introducción y difusión en España de las teorías lingüísticas de diversas escuelas del estructuralismo europeo: primero fue el Círculo Lingüístico de Praga con la Fonología española (1950); después, la Glosemática de Copenhague con una Gramática estructural (1951); y finalmente el funcionalismo martinetiano con sus imprescindibles Estudios de gramática funcional del español (1970). Nunca dogmático (su talante personal hacía inimaginable que pudiera serlo), Alarcos practicó un sabio eclecticismo, no entendido, en absoluto, como contubernio o mezcolanza de doctrinas, sino surgido de la convicción de que para triunfar en el abordaje a una realidad tan compleja como la de una lengua merece la pena aprovechar, tras sopesarlas cuidadosamente, todas las propuestas metodológicas que puedan abrir alguna brecha nueva en la tarea. La culminación de sus estudios gramaticales nos llegó hace unos años (1994) con una relativamente sucinta Gramática de la lengua española (que no es en absoluto, pese a cierto confusionismo creado en torno a ella, la gramática de la Academia, sino la gramática de Emilio Alarcos), obra que ha logrado una extraordinaria acogida entre el público en general y que ha permitido a los especialistas conocer la visión que el maestro tenía de ciertas parcelas de la gramática española que no habían sido abordadas previamente por él en estudios monográficos.

Paralelamente, y dando prueba una vez más de esa fecunda orientación bifronte de la mejor filología hecha en España --en virtud de la cual lengua y literatura son sencillamente inseparables, y no se traiciona la vocación por una sintiéndose atraído por la otra, pues ambas vocaciones vienen a ser, en realidad, la misma--, Emilio Alarcos iba dándonos algunos prodigiosos estudios de crítica literaria; destacan entre ellos los dedicados a dos de los más grandes poetas españoles de este siglo que termina: La poesía de Blas de Otero (1966; primero como discurso universitario en Oviedo, 1955) y ángel González, poeta (1969). Quien tantas cosas jugosas hubiera podido decir sobre algún aspecto de la lengua española, optó para ingresar en la Academia por un estudio de carácter literario, su Anatomía de “La lucha por la vida” (1973; reeditado en 1982 junto con trabajos sobre García Pavón, Delibes y Martín Santos), que tanta nueva luz vino a arrojar sobre el presuntamente descuidado modo de novelar barojiano. Sin pretender aquí apurar los pormenores de la bibliografía de Emilio Alarcos, aún podríamos recordar un par de volúmenes misceláneos (uno en cada una de las dos laderas de su actividad): unos Ensayos y estudios literarios de 1976 y su jugoso librito El español, lengua milenaria, de 1982; o sus varios trabajos de carácter dialectal, centrados preferentemente en el dominio asturiano o sobre la lengua catalana, que fue para él segunda lengua de su infancia por ser la de su madre.

Todas las semblanzas de Emilio Alarcos aparecidas estos días con motivo de su muerte ha señalado su poderosa inteligencia teñida de suave socarronería, y ejercida desde un prudente escepticismo alérgico a cualquier forma de engolamiento, como rasgo esencial de su persona. Por mi parte, quisiera destacar en esta necrología de urgencia algo que está muy relacionado con ese rasgo: la ejemplar actitud de sabia tolerancia que ha dado Alarcos en los últimos tiempos ante el recrudecimiento de actitudes excesivamente prescriptivistas, cuando no declaradamente puristas, en el enjuiciamiento de los hechos idiomáticos, del uso que la sociedad de hoy (un uso ni mejor ni peor que los de otras épocas; sencillamente distinto) hace de la lengua española. Alarcos, equidistante del cansino catastrofismo y de la irresponsabilidad inconsciente o ingenua, prodigioso escritor(y “hablador”) él mismo, gustaba de repetir que las únicas lenguas que no cambian ni evolucionan son las lenguas muertas. En unas declaraciones llegó a espetar al seguramente atónito periodista (si era de los aficionados a autoinculparse, con raro masoquismo, de todos los presuntos males del idioma): “Hay que dejar a las lenguas en paz”. Irremediablemente huérfanos del sentido común que Alarcos derrochaba, deseémosle a él, también a él, que descanse por siempre en paz.

Pedro Álvarez de Miranda
Universidad Autónoma de Madrid

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Juan López-Morillas:
In memoriam

Los estudios hispánicos en general han sufrido recientemente una gran pérdida. El 21 de marzo se cumplió un año del fallecimiento del profesor Juan López-Morillas, una de las figuras más relevantes del hispanismo internacional y, en particular, del norteamericano.

De Jódar (Jaén), donde vio la luz en 1913, pasó el joven López-Morillas a Madrid y a estudiar en el renombrado Instituto de San Isidro. Cursó después Leyes en la universidad madrileña y se licenció en 1934. Sus años universitarios coincidieron con los estímulos intelectuales de la Segunda República. Fue entonces cuando comenzó a estudiar ruso, interés que le acompañaría de por vida. Demediado 1935 se trasladó a los EE.UU. , y en septiembre de 1936 ingresó en la Universidad de Iowa, de donde se doctoró en Románicas en 1940. Desde entonces su vida profesional se desarrolló en los EE. UU., primero como profesor adjunto en el Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Iowa y, a partir de 1943, en Brown University (Providence, Rhode Island). En esta fue Director del Departamento de Español e Italiano (1960-67) y después el primero del de Literatura Comparada (1967-1971), en cuya creación tuvo un papel principal. Como profesor en Brown University, López-Morillas ocupó sucesivamente dos distinguidos puestos: Alumni-Alumnae University Professor of Hispanic and Comparative Literature, a partir de 1965, y William R. Kenan University Professor of the Humanities, en 1973. Al jubilarse de Brown, le esperaba un honor parecido en la Universidad de Tejas (Austin), en 1978, donde se le nombró Ashbel Smith Professor of Spanish. Su jubilación definitiva tuvo lugar en 1989.

Desde sus cátedras, y con sus publicaciones, Juan López-Morillas llevo a cabo una fecunda e impactante labor intelectual y docente que transcendió los límites nacionales y ha dejado efectos duraderos en el ámbito hispanístico. Constancia de ello es el volumen que se le ofreció con aportes de treinta hispanistas representativos del hispanismo internacional: Homenaje a Juan López-Morillas. De Cadalso a Aleixandre: estudios sobre literatura e historia intelectual españolas (Madrid: Castalia 1982); título que representa, a su vez, los vastos intereses intelectuales del homenajeado. Las publicaciones del profesor Juan López-Morillas son demasiado numerosas y de sobra conocidas para analizarlas aquí en detalle. En apretado resumen, consisten en seis libros y numerosos estudios y reseñas, todos caracterizados por una genuina originalidad, serenos juicios apoyados en amplios conocimientos, y una exposición precisa y elegante, sin embrollos conceptuales ni jergal hojarasca. Es un conjunto de trabajos indispensables en el campo de la historia de las ideas en España, particularmente en lo tocante al krausismo y a la Generación del 98. Su clásico estudio El krausismo español: perfil de una aventura espiritual (México 1956 [2a ed., rev. 1980]); el conjunto de ensayos gavillados en Intelectuales y espirituales: Unamuno, Machado, Ortega, Marías, Lorca (Madrid 1961), junto con otros sobre Galdós; y los reunidos en Hacia el 98: Literatura, sociedad, ideología (Barcelona 1972) son otros tantos hitos en una descollante y fructífera tarea intelectual desarrollada sistemáticamente al correr de los años. Su sucesor en Brown como William R. Kenan University Professor of the Humanities, Geoffrey W, Ribbans, a su vez reconocido hispanista, lo hace ver en una sentida y detallada nota necrológica de reciente aparición. Refiriéndose al mencionado libro sobre el krausismo español dice: “[López-Morillas ] counts as one of the most eminent of the scholars who have devoted themselves to the history of ideas of modern Spain.” (Bulletin of Hispanic Studies 74 [1997]). Y sobre Intelectuales y espirituales comenta acertadamente que su autor demuestra en ellos “his concern with questions of intellectual and moral integrity, a quality of which he was himself a prime example[.]” Ya Profesor Emérito de Brown University, en su etapa profesoral de la Universidad de Tejas y después, López-Morillas dedicó su dominio del ruso y envidiables dotes de prosista a traducir directamente al español, por vez primera, obras de los grandes autores rusos del XIX. Sus versiones de Dostoyevsky, Chekov, Turgenev y Tolstoy, publicadas en Madrid por Alianza Editorial, suman 22 volúmenes de mantenido éxito entre el público hispanohablante, habiendo llegado algunos a ser declarados libros de texto en los institutos españoles.

Tan destacada labor y talla intelectual le fueron merecidamente reconocidas con una serie de puestos de Profesor Visitante que incluyen la Universidad de Harvard y la de Oxford; y su fama de excelente conferenciante, tanto en español como en inglés, hizo que numerosas instituciones le invitasen a hablar en multitud de ocasiones. Ya en los comienzos de su carrera recibió la poco frecuente distinción de que le otorgaran dos becas Guggenheim para llevar a cabo sus proyectos. Más adelante, fue elegido presidente de la Asociación Internacional de Hispanistas (1980), de la fue uno de los fundadores y asiduo participante a sus congresos, habiendo dado una memorable plenaria en el de Salamaca (1971). También formó parte de la Comisión Ejecutiva de la Modern Language Association of America y del Comité Conjunto de Colaboración Cultural entre España y los EE. UU., así como miembro de número de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, correspondiente de la Real Academia Española. Por esto y más Brown University le otorgó en 1979 un doctorado honoris causa , y su país natal lo condecoró en 1985 con la Orden de Isabel la Católica.

Una recordación del profesor Juan López-Morillas quedaría incompleta sin mencionar su fama de eficaz y querido maestro. Son muchos los ex- alumnos, sub-graduados y graduados, que se hacen lenguas de su docencia y el entusiasmo que infundía por menesteres intelectuales. Sabido es que son numerosos los hispanistas actuales en cuya formación participó directamente o en colaboración. Sus palabras respecto al magisterio de Ortega y Gasset son cabales para él : “Like all eminent teachers, he was not so much a transplanter of knowledge as a planter of doubts and perplexities, apt to bring into play the student’s imagination and intelligence.” En el caso de López-Morillas, no cabe ceñirse a lo profesional. Quienes tuvimos la suerte de haberlo conocido de cerca sabemos de sus admirables cualidades humanas: integridad, generosidad, llaneza, simpatía y una cordial caballerosidad que le granjearon el afecto y respeto de colegas y estudiantes. Entre los útimos, algunos ocupan o han ocupado importantes puestos en el hispanismo. A todos nos ha dejado el ejemplo de un vida dedicada al estudio y a la investigación creadora.

El pasado octubre tuvo lugar en Brown University un acto dedicado a la memoria de Juan López-Morillas. Para el venidero XIII Congreso de la AIH, al que le hacía gran ilusión asistir por tener lugar en Madrid y en ocasión de un aniversario de particular significación histórica e intelectual, se le rendirá un homenaje de admiración y gratitud.

José Amor y Vázquez
Profesor Emérito de Estudios Hispánicos
Brown University

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El 14 de junio falleció en una clínica de Frankfurt después de haber padecido una corta pero grave enfermedad la Dra. Ilse Nolting-Hauff, catedrática de la Universidad de Múnich en la Facultad de Filología Románica.

Ilse Nolting-Hauff, nacida en Bremen, cursó estudios en Hamburg, Heidelberg y en Aix-en-Provence, hizo méritos en la Universidad de Bonn para la obtención de un puesto de cátedra y después de ejercer como catedrática en la Universidad del Ruhr en Bochm en 1975, fue llamada por la Universidad “Ludwig Maximilian” de Munich —en una época en la que el ascenso de grado académico les era mucho más difícil a las mujeres que a los hombres—. Pero Ilse Nolting-Hauff lo consiguió: fue una conocedora extraordinaria de la Edad Media francesa y del Barroco español. Además tenía un gran interés por la literatura del siglo XX, especialmente en el ámbito latinoamericano. Fue siempre una erudita de personalidad reservada con una gran pasión por los textos que intentaba transmitir a sus alumnos. Aunque oco inclinada a seguir los caprichosos dictados de la última moda científica, su exigencia a sí misma y a sus colaboradores estuvo siempre orientada hacia los más modernos desarrollos de la discusión teórica. Su prominente colaboración en una edición crítica de los Sueños de Francisco de Quevedo y sus innovadores trabajos/estudios sobre la novela cortesana han influido de una manera tal el campo de la investigación romanística alemana que irá más allá de su muerte. En la Universidad “Ludwig Maximilian”, en la que trabajó como profesora más de 20 años, ha alcanzado un prestigio inolvidable no sólo como docente sino también como vicedecana y como decana de la Facultad de Lengua y Literatura I (1993-1995). Especialmente le conmueve al que se despide cuando descubre el hecho de que precisamente uno de los estudios realizados por Ilse Nolting-Hauff en los últimos años está dedicado a una narración corta de Borges titulada El Inmortal, que apareció en 1988 en una miscelánea, editada por ella misma, dedicada a su maestro Karl Maurer. Ilse Nolting-Hauff ha ganado parte de esa inmortalidad de la que hablaba el gran autor argentino con su colaboración en el magnífico libro sobre la intertextualidad, en el cual todos los autores y las autoras — quienes según Borges son distintas máscara de uno/una mismo/misma— han participado en su elaboración en el transcurso de los tiempos.

Michael Roessner
Universidad de Munich
traducción del alemán: Ma. Dolores Jiménez


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